2 metros me separan del mostrador de registro.

El check-in comienza en 10 minutos y una sensación extraña me anima.

No, no tengo miedo, mi corazón no late, curiosamente estoy físicamente muy tranquilo.

Estoy asombrado, siento que el tiempo se paró, mi vista está perdida en el vacío.

Ya llegó el momento largamente esperado, eso es todo, estoy aquí, solo tengo que subir al avión y dejar que lo desconocido me guíe.

Un ejercicio difícil, el de simplemente dejarse ir!

Qué la magia comience… ¡Pura vida!

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